Domingos

Domingos imagen

Esa copa de más, la que afila el ánimo en la noche, hizo que sus suaves manos agarraran mi muñeca, como una esposa cálida, y me sacaran a la puerta de ese pub irlandés. Sopló una bocanada de aire frío y ella sostuvo con gracia su gorro francés. Se produjo un beso de tantos y anduvimos unos metros riéndonos de nada. Su casa estaba cruzando la esquina.

Se cierra la puerta tras de mí, enciende la luz, la calefacción y pone algo de música. Belle & Sebastian creo. Sin ropa yo, ella vestida a medias, juntamos nuestras bocas, paseamos las lenguas, chocamos los dientes torpemente. Se arrodilló, su rostro a la altura de mis caderas. Me dijo que estaba muy guapa, o algo así. Un ramalazo pasional en mi nuca activó mis nervios, y bruscamente cogí ese gorrito y lo lancé lejos, muy lejos. Fue entonces cuando vi ese pequeño cuerno, como marfil brillante, brotando de su cabellera rizada. Me aparté bruscamente mientras el frío escalaba por mi espalda. Ella sonrío y dos hombres aparecieron vestidos con una bata de cuadros, ideales para hacer un picnic por la mañana.

Atada de pies y manos, comenzó ese extraño rito satánico. Vi de reojo como guardaban el Dear Catastrophe Waitress para que sonara The Other Woman de Banhart, cambiaron las luces de tungsteno para encender una roja, y crearon una atmósfera bizarra pero acogedora. Vino una anciana vestida de luto acompañada de una cabra algo nerviosa, dos mellizos bizcos y un hombre en albornoz que bebía una botella de vino a morro. Mientras sacrificaban la cabra, los niños bailaban agarrados, y entonces me quedé dormida.

La mañana siguiente fue como la de todos los domingos, una resaca aguda y la boca seca. La casa estaba vacía pero con un desayuno recién preparado sobre la mesita de noche. El café todavía humeaba su delicioso aroma. Todo bien, excepto el meñique amputado de mi mano derecha –no me importa, soy zurda-, unas extrañas heridas en mis piernas y un susurro en mi cabeza exigiendo que mate a vírgenes. Acepto la compañía y acato la orden, pese a su falta de originalidad. Mientras busco mis bragas encuentro una nota:

“He salido a comprar cervezas. Por favor saca la carne de la nevera. Nos vemos en el O´Donnell sobre la una, quiero presentarte a mis padres. Besos.”

Creo que me quedaré aquí todo el día.

Odio los domingos.

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: