Kill Kolpos

ShameEncabezado

El tiempo le apuñalaba los ojos, su cuerpo pesaba el doble y el sillón, pese a no ser cómodo, lo tenía amarrado de por vida. Que grande se hace el mundo cuando uno está enfermo, que duelen las rodillas, que rápido es todo mientras tú, como en las pesadillas, no consigues arrancar en la carrera.

Él no era capaz de contestar al teléfono y la televisión se convertía en una barahúnda de palabras, el sudor arrancaba desde la espalda para bañarlo entero y, cuando se enfriaba, dejarlo más enfermo todavía.

Realizó el esfuerzo más grande de su vida, se agarró fuerte a los brazos del sillón y, acompañado por una paleta de sonidos guturales, se puso en pie. Creía ser más pequeño aun sintiendo ser más grande, y caminó por el salón hasta el baño, orinó, se mareó y apoyó la cabeza contra el marco de la puerta. Sonó el timbre a su lado y preguntó, con voz herida, quién era.

Su vecina entró con una amplia sonrisa, diciendo que la disculpara, pero necesitaba hacer una llamada. Por lo visto era una urgencia, ya que en su casa ni teléfono fijo, ni móvil, funcionaban. Descolgó el auricular mientras él volvía al sofá. Estuvo hablando casi un cuarto de hora. “No era tan importante el asunto”, pensó el enfermo tras alcanzar un paquete de cigarrillos sobre la mesa. El humo fue la estúpida solución para su aburrimiento, más si valoramos la cadena de flatos que a su boca asomaban por cada calada.

Ella colgó el teléfono y apareció en el salón. Era la mujer más bella que jamás había visto en su vida, él lo sabía, pero debido a su estado, no lo había pensado detenidamente. Ella era la primera vez que estaba en su casa, tenía un vestido de tela fina y se le clareaban los oscuros pezones. Su larga melena negra era demasiado salvaje y sus labios demasiado sensuales.

Le preguntaba cosas, le contaba historias, hablaba sobre ella únicamente y él contestaba con monosílabos, se rascaba la ingle disimuladamente y pensaba qué hacía esa mujer hablando con un hombre tan enfermo, vestido con un pijama sudado de dibujos animados. Sin embargo ella reía, le gustaba su monólogo y sobreactuaba divertida. Se tocaba la salvaje melena y mordía sus sensuales labios. Acercó su rostro al del hombre del pijama a rayas, mientras este pensaba que su aliento olía a mucosa seca. Ella no se lo pensó y él se dejó querer. La mujer se desnudó siendo más perfecta que en el estado anterior (vestida). Él no podía creerlo, al igual que no podía moverse. Sus cuerpos se hablaron a base de calor, ella gemía, movía la salvaje melena mientras él se consumía, siendo por minutos más pequeño, más enfermo.

Jugaba, susurraba al falo, tenía extraños espasmos y sudaba, cuánto sudaba. Entonces se detuvo, movió lentamente su pelvis y suspiró hondamente. Fue entonces cuando su vagina comenzó a tragarse al hombre. Lo absorbía, lo mordía, lo engullía. El hombre comenzó a gritar, notaba como su espalda y sus huesos se iban quebrando, como iba desapareciendo inmerso en ese coito enfermo, como un coño con incisivos y caninos lo iba devorando. No le dio tiempo a pensar lo imposible del hecho. Cuando la vagina asesina le engullía el tórax, él ya estaba muerto.

La mujer no dejó ni una marca que la delatara. Con asombrosa naturalidad apagó la televisión, alisó las arrugas del forro del sofá, se maquilló frente al espejo del cuarto de baño y se ajustó el vestido. Estaba cansada. Repentinamente hizo algo que le entusiasmaba hacer. Rezó.

Salió de la casa, cerrando de un portazo y bajó al segundo piso. Paró ante la primera puerta que encontró. Le abrió un chico de dieciséis años, con pelusilla en el bigote y una sola ceja. Le dijo que no había problema, que usara el teléfono el tiempo que hiciera falta. Ella sonrió, pensando en el chico, en lo certero de su deseo y en lo incierto de su final.

El monstruo de entre sus piernas salivaba, mordía, ladraba. Y no quiso amansar a esa bestia. Dieciocho de los veinte nombres de la lista estaban tachados, su misión estaba concluyendo. Ya sólo quedaban dos personas más para convertirse en el ser más infeliz del universo.

Anuncios
Etiquetado , , , , , , ,

Un pensamiento en “Kill Kolpos

  1. sophie215 dice:

    Me encanta =). No sabia que escribías tan bien

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: