Fotografías

Fotografías

Con la mayoría de edad recién cumplida, me encontraba sentada en la entrada de un estudio de fotografía de la calle Venus. Todo allí parecía anticuado. Los gigantescos marcos de oro colgados en aquellas paredes cercaban infinidad de rostros sonrientes que me miraban directo a los ojos, fingiendo una felicidad eterna, adoptando una artificial postura como la única posible. Llevaba diez minutos observándolos, esperando a que el fotógrafo, ausente sin motivo, reapareciera para fabricar unas cuantas estampas con mi rostro. Esperando, sin siquiera saberlo, a encontrar una fotografía que cambiaría mi vida para siempre.

Recuerdo que la foto que fui a hacerme era para un carnet importante. Sin embargo, no lo parecía. No hice uso de maquillaje para disimular ciertas imperfecciones de mi rostro, no planché mi pelo, ni resalté mis labios. Sólo perfilé mis ojos, azules y pálidos, pues es el único rasgo que me separa del resto de mi familia. Intentar diferenciarme del matriarcado era algo que, desgraciadamente, necesitaba llevar a gala.

Por cuestiones de estética discutí a primeras horas con mi madre. Ella quería que arreglase mi imagen para que no pareciese, según sus palabras, una zarrapastrosa. Cuanto más hieren las palabras, menos quieres reconocer el daño que hacen. Si mi madre no estuviera tan sola no ladraría a cada sombra, tendría la decencia de dejarme vivir en paz. Pensaba en ello mientras observaba la calle a través de los cristales de ese pequeño estudio. La fría lluvia de noviembre regaba los paraguas, teñía el aire de gris y oscurecía el asfalto, la tierra y los tejados.

Cerré mis ojos con fuerza y de unos ocultos altavoces comenzó a sonar My funny Valantine de Chet Baker. Suspiré con fuerza para atacar una melancolía que parecía forzada, mientras la música acompañaba aquel mural de rostros: había una pareja de novios, vestidos para el altar, posiblemente ya divorciados; o la típica fotografía del niño desnudo de pocos meses, quizás único anclaje de felicidad para una madre ya cansada de los malos actos de su hijo. Una imagen es como una frase en un libro, te dirá algo, pero no significa nada.

Mientras divagaba sobre posibles vidas anónimas, mientras relacionaba un niño vestido de comunión, con la Biblia y Onán inmersos en un círculo vicioso, apareció el fotógrafo.

–          Disculpa la tardanza, pero llevo dos días con el estómago revuelto. – dijo seriamente.

Me pidió con seca amabilidad que entrara y me pusiera cómoda. Con sus manos pequeñas y velludas ajustaba el trípode. Yo me senté delante del objetivo de la cámara. Me fijé en su calva, en su frondosa perilla y en los cristales ahumados de sus gafas. Su rostro enjuto miraba al suelo cuando hablaba.

–          ¿Sonríes sola o necesitas ayuda? – preguntó.

–          Sinceramente, hoy no tengo porqué sonreír. – contesté sin saber en qué tono hacerlo.

–          No te preocupes, tengo un chiste para cada persona. – Estudió mi rostro durante unos segundos con el dedo colocado sobre el disparador, carraspeó y dijo serio. – “Perdone, perdone, me debe mil pesetas”, y contesta, “Sí, sí, le perdono”.

Sonreí sin querer, el apretó con su dedo un par de veces y susurró como poesía la palabra “mierda”. La cámara no andaba bien, me dijo, así que fue a buscar otra. Pasaban los minutos y no encontraba nada. Mientras, yo estudiaba ese pequeño cuarto, sus lámparas de luz, sus filtros de color enrollados en la esquina y sus revistas de cine amontonadas.

<<Dios no quiere que hoy te hagas un retrato>> comentó desde una habitación contigua.

Trajo una cámara más vieja que la anterior, la situó en la base del trípode y contó otro chiste que ahora no recuerdo. Introdujo sus manos en la chaqueta y quedó mirando la cámara unos segundos hasta decir: <<Ya hemos terminado. Espera en la entrada, ahora te cobro>>. Salí de la sala con los brazos cruzados, él cerró a mis espaldas y yo me apoyé contra la pared.

Frente a mí había una foto, esa que cambió mi historia, solitaria sobre la puerta de salida. Era el rostro de una joven de mi edad, con peinado típico de los ochenta, mirada dulce y un rostro delgado y terso, en blanco y negro. Adelanté tres pasos para contemplarla mejor. Tras unos segundos analizando el cuadro me percaté de tener tatuada una media sonrisa en mi rostro.

El fotógrafo ya estaba tras el mostrador cuando me desaté de aquella imagen. Él realizaba un recibo para mí, yo me acerqué.

–          ¿Conoce a la muchacha de la foto? – pregunté mientras la señalaba.

–          Mucho. Bueno, la conocía mucho. Era una amiga. – Se quitó las gafas y las guardó en el bolsillo de su camisa, frotó sus ojos con las palmas de las manos para luego descubrir el celeste iris sobre sus ojos irritados, entonces dijo. – Era una íntima amiga. No sé si me entiendes.

–          ¿Cuánto hace de esa foto?

–          Esa foto debe tener tu edad. – Me miró y sonrió por primera vez. – ¿Puedo saber a qué se debe tanto interés?

–          Esa es mi madre.

–          ¿Perdón?

–          La de la fotografía. Es mi madre

Él apartó automáticamente sus ojos de los míos. El piano marcaba los segundos y la melodía -que aquellos altavoces susurraba- huía.

–          Me gusta la música. – dije.

–          Eso me alegra mucho. – respondió mirando el recibo.

–          Vendré a recoger las fotos. Seguramente, también le haré un par de preguntas. – Sentencié mientras salía por la puerta.

La campana que avisa de un nuevo cliente me despidió y anduve por la calle durante una hora. No me entristecí, no estaba furiosa, sólo mojada por la fría lluvia de noviembre. Comprendí las historias de mis fotos, comprendí los accidentes, los vicios, los grandes hechos y los pequeños detalles. Comprendí el porqué de mis cansados ojos azules.

Anuncios
Etiquetado , , , , ,

2 pensamientos en “Fotografías

  1. nuriasafe dice:

    Este relato me encanta, es el que más me gusta de todos los que te he leído por ahora, porque espero más.

  2. Doliana dice:

    Muy bueno! me ha dejado con ganas de leer más… quedo esperando…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: